SU VERDADERA PERSONALIDAD

Todo lo que Ainhoa Armentia puede perder por estar al lado de Iñaki Urdangarin

Hay que ir más allá del perfil profesional de la tercera en discordia.
lunes, 14 de marzo de 2022 · 04:00

Se cumplió un mes desde que salieron a la luz las fotos de Iñaki Urdangarin tomado de la mano con Ainhoa Armentia. Inmediatamente, la agencia EFE sacó un comunicado enviado por la Familia Real que la Infanta Cristina y el exjugador de balonmano ponían fin a su relación, como si faltase más motivos para aclarar el panorama.

Desde ese momento los medios se han preguntado hasta el cansancio quién es la mujer que robó los suspiros de Iñaki Urdangarin. Estar emparentado a la realeza puede resultar muy tentador, pero con 24 años de vínculo, parece que la paciencia se ha agotado para el exdeportista y prefirió volver a las viejas andanzas.

Ainhoa Armetia, la mujer que robó los suspiros de Iñaki Urdangarin.

Ainhoa Armentia también estaba en pareja. Su todavía esposo se llama Manuel Ruiz y, según afirman algunos medios, se encuentra “devastado”. No quiere que su intimidad sea violentada, por lo que se maneja en silencio y evita salir a la calle. Motivos no le faltan.

La administradora contable conoció al padre de Pablo Urdangarin en el estudio “Imaz y Asociados”, sitio donde se desarrollaba profesionalmente coincidiendo con unas prácticas de Iñaki para obtener la libertad condicional. Tiene 43 años y cursó una Formación Profesional en Administración y gestión en el CIFP Ciudad Jardín de Álava.

Su formación es amplia, casualmente ninguna vinculada a algo de la realeza. Fue administrativa mancomunada, secretaria y coordinadora de varias áreas empresariales. Su perfil de Linkedln se frena en el año 2010, momento en que Ainhoa Armentia ha dejado de actualizar su currículo.

Tampoco sabemos cómo fue que llegó al estudio de abogados donde conoció a Iñaki Urdangarin. Lo que si es cierto es que ahora su perfil es público, su nombre un motivo de llanto para la Infanta Cristina y un dolor de cabeza para la Familia Real. Aunque, nada de nada le impide pasearse en la vía pública con su nueva ilusión romántica.

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