REINA ISABEL

La última decisión de la Reina Isabel que pondría en jaque a la monarquía británica

Un nuevo imponderable se presenta en su camino.
martes, 10 de mayo de 2022 · 10:30

Por primera vez desde 1963, la Reina Isabel pegará el faltazo a la apertura del parlamento británico. ¿Los motivos? No es difícil de imaginar. Hace tiempo que Su Majestad ya no puede ir a los eventos que eran intachables en su agenda, pero la salud manda o, mejor dicho, la mala salud.

“A regañadientes”, tal como explica el comunicado que publicó el Palacio de Buckingham, la Reina Isabel tuvo que hacer caso a las indicaciones médicas y permanecer en descanso. No podrá asistir a la apertura del parlamento, ceremonia que siempre ha contado con la presencia de la Reina.

La Reina Isabel no podrá asistir a la apertura del parlamento británico. 

En el lugar de la Reina Isabel estará presentando el típico discurso el Príncipe Carlos, quien también estará sostenido por el Duque de Cambridge, Guillermo de Inglaterra. No es la primera vez que el eterno heredero toma la posta de su madre y ocupa su lugar, de alguna manera para acostumbrarnos a cómo será el futuro sin Isabel II.

La Reina Isabel “continúa experimentando problemas de movilidad episódicos", aunque nosotros reemplazaríamos la última palabra ya por un “frecuente”, pues no es la primera vez que la salud impide hacer un acto de presencia. Es más, ni siquiera puede sostener la típica corona ni la capa, símbolos que acompañaron a Su Majestad durante toda su vida.

La salud de la Reina Isabel agravó en los últimos meses. Tiene 96 años y su cuerpo empieza a sentir demasiados a los esfuerzos como caminar, trasladarse, mantenerse de pie e incluso pronunciar un discurso. Son todas acciones que, a cierta edad, causan un esfuerzo y agotamiento inferior. Pero hablamos de una anciana, por mucho que le pese comprender esto a la sociedad británica.

La Reina Isabel durante el funeral del Duque de Edimburgo. (Imagen de archivo)

La sangre azul servirá para heredar fortunas, propiedades y títulos para tener una vida acomodada, pero no garantiza la inmortalidad. La Reina Isabel tiene una luz que poco a poco se va extinguiendo, algo que lamentamos pero que al mismo tiempo ubicamos como el orden de lo natural. Todos los que nos reunimos en estas líneas hemos experimentado ese ciclo de la vida. Morir para nacer es una relación causa y efecto que se produce hasta en la más mínima de las partículas a diario. En los reinados, ocurre lo mismo.

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