REY JUAN CARLOS

El escarmiento que el Rey Felipe impartió al Rey Juan Carlos en su reunión privada

No es el mismo reinado que hace algunos años atrás.
martes, 24 de mayo de 2022 · 08:45

La visita del Rey Juan Carlos trascendió como un verdadero espectáculo. Caravanas de autos, periodistas, cámaras, fotografías y un posado en masa en Sanxenxo simulaban la presencia de una verdadera estrella de rock. Pero esto al Rey Felipe no le agradó ni un poco, puesto que el libreto de un mediático de Avenita Corrientes no va con los lineamientos de la Corona.

Incluso sin estar en España, la presencia del Rey Juan Carlos causaba una fina grieta. La sociedad española estaba entre padre o hijo, dos bandos completamente diferentes entre sí que, de alguna manera, afectaban al actual legado de Felipe. Y esto también pudo verse con la presencia del Emérito en las calles de la ciudad gaditana.

El Rey Juan Carlos en Sanxenxo. 

“Vividor” o “sinvergüenza” formaban también el eco de “Viva el Rey”. En la reunión de carácter privado que padre e hijo tuvieron, repasaron algunos puntos a tener en cuenta para sus próximas visitas. Primero y principal, la privacidad.

No es propicio para la Corona semejante despliegue y espectáculo, no cuando la imagen y la integridad de la Corona se ha visto tan dañada por las consecuencias de la deslealtad. Toda la confianza en la monarquía acabó por los suelos el mismo día que el Rey Juan Carlos tuvo aquel lamentable accidente en Botsuana.

El Rey Felipe y el Rey Juan Carlos estuvieron varias horas hablando, primero de temas familiares y luego sobre los que involucran al Estado. Felipe le recordó a su padre que su residencia está fijada en Abu Dabi y que todo lo que respecta a sus actividades recreativas deben permanecer en estricto carácter privado. No más despliegue ni show, porque la situación no amerita.

El Rey Felipe y el Rey Juan Carlos tuvieron una tensa conversación. 

Con esto tenemos el panorama un poco más esclarecido. Claro está que el legado del Rey Felipe y Juan Carlos de Borbón es completamente diferente, pero aquí la polarización hace daño y es necesario ponerse de acuerdo en el lenguaje y la comunicación. No es tiempo de jolgorio, tal como vivió en su momento el Emérito.

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