CHARLÈNE DE MÓNACO

Se cumple el temor del Rey Felipe y la Reina Letizia sobre Charlène de Mónaco

Consecuencias que se podrían haber evitado.
jueves, 23 de junio de 2022 · 08:53

Los coletazos son muchos. El análisis político debe ser profundo. Y, seguramente, habrá que detenerse a pensar en todo lo hecho, en las malas decisiones, en las emociones que las impulsaron y hacer, una y otra vez, hasta cuando haga falta, un mea culpa. Uno a conciencia. Esta semana se ha conocido una consecuencia más del desplante de la Reina Letizia a los Reyes de Noruega, que apenas pudo salvar el Rey Felipe con su presencia en solitario. No habría sido suficiente por la última foto publicada de Charlène de Mónaco, una de las enemigas no declaradas de la Casa Real española.

La princesa monegasca junto a su esposo el Príncipe Alberto han llegado a la capital noruega de Oslo para reunirse con los príncipes herederos Haakon y Mette-Marit, la Princesa Marta Luisa y con el Rey Harald y la Consorte Sonia. Un encuentro histórico, de por sí, y que se da justo después de que los Reyes de España cometieran en conjunto uno de los tropiezos más torpes del último tiempo. Una ofensa más al resto de las monarquías, que podría haberse evitado.

Charlène de Mónaco con su familia y el Príncipe Haakon de Noruega (Foto: Det kongelige hoff)

La agenda de Charlène de Mónaco en Oslo contempla dos días en tierras nórdicas. Durante la primera jornada, los monegascos fueron protagonistas en la inauguración en el Museo Fram de la exposición “Navegando el Mar de la Ciencia, Científico y explorador”. Lo hicieron junto a sus hijos, los mellizos Jacques y Gabrielle, quienes recibieron regalos muy especiales de parte de los Príncipes de Noruega.

Pero es lo que pasó antes de esa cita lo que realmente alarma al Rey Felipe y a la Reina Letizia. Un agasajo. Temido. Jamás imaginado. Un almuerzo privado que el mismísimo Rey Harald y la Reina Sonia han organizado en honor a la sucesora de Grace Kelly y Alberto I. Lo hicieron en la finca real de Bygdo, en la península occidental de Oslo, que se encuentra en un barrio residencial rodeado de bosques y parques. La propiedad pertenece al Estado noruego, pero, desde el año 2007, el monarca y su esposa la convirtieron en su casa de primavera-verano. Es la vivienda real que más tiempo ha estado en uso, desde 1305, y se ubica en lo que fue un monasterio.

No serían casuales ni el momento ni los elegidos por los Reyes de Noruega. La fecha, días después del desplante español a su hija en su cena de cumpleaños, escenario de la foto que más lamentará en su vida la Princesa Leonor. Los comensales, Charlène de Mónaco y su esposo, enemigos no declarados de la Casa Real española por una vieja disputa que recordaremos un poco más adelante. Y, sumado a esto, todo se encuadra en el primer viaje oficial al exterior de Su Alteza Serenísima y Alberto I. Nada más simbólico. Nada más importante. Todo un mensaje.

Charlène de Mónaco con el Príncipe Alberto y los Reyes de Noruega y Príncipes herederos (Foto: Palacio Real de Mónacol)

La visita de la pareja principesca que enerva al Rey Felipe y la Reina Letizia culmina este jueves, cuando en Longyearbyen, capital de Spitsbergen, descubran un busto de bronce del Príncipe Alberto I donado al Instituto Polar Noruego de Longyearbyen. Más tarde, pasarán un momento en un crucero privado a bordo del Comandante Charcot.

Los viejos y vigentes rencores

No es buena la relación del Rey Felipe y la Reina Letizia con Charlène de Mónaco y su esposo. El disgusto se remonta a la celebración de los últimos Juegos Olímpicos organizados por España. Semanas antes, los monegascos criticaron duramente la intención del gobierno español de alojar el evento deportivo al considerar que no estaban a la altura de garantizar su seguridad.

El comentario cayó tan mal en la Casa Real que ninguno de los reyes ni integrante alguno de la Realeza española asistió, luego, a la boda de la sucesora de Grace Kelly con el Príncipe Alberto. Hay dos versiones respecto a la ausencia. La primera, que declinaron la invitación aduciendo coincidencias de fechas con actividades de agenda. Y, la segunda, la peor de todas, que ni siquiera estuvieron invitados.

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